jueves, 23 de junio de 2011

Un cuidadano griego da lecciones al 15M y al 19J y al que se ponga por delante.

UN IMPRESCINDIBLE: TODA SU VIDA COMBATIENDO LA INJUSTICIA

Cuando tan sólo contaba  18 años, en Mayo de 1941,  trepó a la Acrópolis con un compañero, para arrancar la bandera nazi que ondeaba sobre Atenas.

Hoy, en 2011, también en Mayo, y en Junio y cuando sea necesario, Manolis Glezos sigue resistiendo, ahora  contra la tutela extranjera impuesta a Grecia para que sanee sus cuentas, o sea, para que el pueblo llano pague las evasiones de capital y la usura de la banca privada.

Nosotros queríamos demostrar precisamente que el combate comenzaba”,  dice recordando su primera batalla política.

Grecia ha conquistado su libertad, pero no su independencia. En la escala del sometimiento, rozamos el 100%, porque los extranjeros deciden todo, apunta este valiente ciudadano, denunciando la dependencia extranjera de la economía de su país. Manolis añade su sospeche de que “la gente ignora que ese dinero que nos prestan de nuevo, habrá que devolverlo con un interés enorme que hundirá otra vez a Grecia“.

LOS NAZIS DE HOY SON LOS NEOLIBERALES

Detenido tres veces bajo la ocupación nazi, Manolis Glezos escapó del pelotón de fusilamiento. Su hermano menor fue ejecutado en 1944.

Su compromiso en la resistencia antinazi, y luego su militancia comunista bajo regímenes autoritarios y militares le costaron a Manolis Glezos dos condenas a muerte y doce años en “casi todas las cárceles del país”.

A los 88 años, no ha perdido un ápice de su combatividad al servicio de sus convicciones de extrema izquierda, y desea que la juventud tome el relevo “para  romper todas las banderas opresivas”.

Al contrario que muchos griegos, exasperados por las exigencias de rigor presupuestario de Alemania, el ex resistente prefiere distinguir entre el ocupante de los años 1940 y el puntilloso socio de la zona euro actual. Para él, “el enemigo es el G20, la unión de los imperialistas”.

Manolis Glezos cree que Grecia sólo debe contar consigo misma. Su receta: “no emplear un euro en gastos militares”, negarse a  reembolsar una deuda “que no es legítima”, combatir el fraude fiscal y “a quienes acumulan cargos en el sector público”, y al mismo tiempo “proteger la  sanidad, la educación y la investigación”.

También propugna que Alemania pague su propia deuda, reembolsando el préstamo obligatorio hecho al régimen nazi, “la única vez que Grecia prestó en  lugar de pedir prestado”, dice con malicia.

Con las indemnizaciones de guerra”, cuyo derecho a reivindicar se sigue reservando Atenas, “hay 162.000 millones de euros, sin los intereses”.

HASTA LA VICTORIA, SIEMPRE

En la principal plaza de Atenas, Syntagma, miles de personas se manifiestan desde hace tres semanas para protestar contra una crisis de deuda pública que  ha obligado al gobierno a emprender un draconiano plan de rigor, con reducciones de salarios, congelaciones de pensiones y aumentos de impuestos.

Allí, banderolas y carteles hacen eco a las reivindicaciones del viejo resistente, con llamados a “la independencia nacional” y el lema “no debo nada,  no pago”.

Al comienzo de la ocupación, la resistencia era sobre todo pasiva. Cuando escalamos a la Acrópolis no nos cruzamos con otra gente que estuviera haciendo  lo mismo. Pero día a día nos fuimos haciendo más numerosos. Ahora también, la  corriente de resistencia aumenta, dice Manolis Glezos.

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