viernes, 19 de agosto de 2011

El milagro de los matrimonios y las vocaciones.

En estas maravillosas jornadas juveniles, no sólo los sacerdotes han recibido la “gracia divina” de parte de sus obispos para perdonar uno de los peores pecados: el del aborto. También se puede obtener indulgencia plenaria, ya saben, “el cielo express” sin pasar por ese maldito purgatorio, que sabe dios cuánto dura y cuánto quema.
Pero hay más. El éxtasis de ver al Papa, aunque sea a quinientos metros, con esos zapatitos rojos de Stefanelli, no es comparable con el mejor de los orgasmos. Yo sé que eso no lo pueden entender esos agnósticos o ateos que no son capaces de reconocer al Supremo.
Rouco
Y para terminar, un verdadero milagro. No hay nada más que escuchar el mensaje de nuestro vice-líder, el cardenal Rouco, que gracias a esa línea directa con dios, ya ha dicho lo que va a pasar en estas jornadas. Se van a concertar 500.000 matrimonios y decenas de miles de vocaciones. Estamos salvados. Ahora que no se casa nadie por la Iglesia y que los seminarios están vacíos, volveremos a tiempos mejores.
Lo que pasa es que no me salen las cuentas. A ver, dicen que hay un millón y medio de peregrinos, en el mejor de los casos. La mayoría de los medios hablan de un millón. Y los propios organizadores dicen que hay 500.000 jóvenes inscritos. Así es que, suponiendo que la cifra de un millón no sea exagerada, como supongo que habrá algunos casados y otros que no se pueden casar pues son sacerdotes, quedarían unos 900.000. Y si las matemáticas no fallan –que fallan seguro, porque una ciencia no puede contra la fe—, lo más que se llegaría, si todos se casaran sería a 450.000 matrimonios.
Aunque tampoco, puesto que si van a salir de las jornadas decenas de miles de vocaciones, salvo que la Iglesia no admita que se casen sus curas y monjas, y me parece poco probable, habría que descontar también a esos miles. Luego, de los que queden puede haber disparidad entre hombres y mujeres, por lo tanto, o admiten el matrimonio entre homosexuales, o todavía quedarán menos. Y a esto, habrá que sumar que alguno tenga vocación de célibe.
En fin, lo dicho. El problema es mío por querer enfrentar la ciencia –en este caso la aritmética— con la fe. La razón con las creencias. Y es que lo importante es creer, lo demás se nos dará por añadidura. Y si no, recuerden el milagro de los panes y los peces, ¡hombres y mujeres de poca fe!
Salud y República
P.D. En la foto, Rouco haciendo el guiño de la ceja, en el momento en que se enteró de la subida a la Iglesia Católia, de la asignación del Impuesto de la Renta.
 

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