martes, 14 de febrero de 2012

África: ¿Hay alguien escuchando?

El continente africano sangra por los cuatro costados. Sigue a la cabeza de la miseria y del olvido. De las guerras y de las expoliaciones. Del hambre y de la muerte.
Además de la hambruna del cuerno de África. Sólo en la zona del Sahel casi diez millones de personas sufren hambre y malnutrición.
La escasez de lluvias, con cosechas mínimas, ha provocado la falta de alimentos y la subida de sus precios. Lo que se ha convertido en una situación de hambruna que afecta fundamentalmente a los más débiles, los enfermos, las mujeres embarazadas y los niños.
Hoy, en el Sahel, más de un millón de niños reciben tratamiento en los centros de alimentación para la desnutrición aguda. La situación de países como Níger, Malí, Mauritania, Chad y Burkina Faso es desesperante. Se teme que a partir del mes que viene, se agudice la falta de alimentos y que unos seis millones de familia hayan agotado su reservas y no tengan qué comer.
Un peligro que puede hacer que muera un millón de niños en la próxima primavera. Una grave crisis que los gobiernos de los países desarrollados no ayudan a paliar. Una situación de la que también los grandes lobbies de alimentación y de productos farmacéuticos también quieren sacar provecho.
La crisis económica ha hecho que la ayuda al Tercer Mundo disminuya de forma considerable. Los recursos empleados para la ayuda al desarrollo cada vez están más lejos del compromiso en la ONU, llegar al 0,7% del PIB. La falta de solidaridad y el egoísmo hacen que se agrave más el problema con la crisis, siendo esos recursos los primeros que se rebajan.

En España esa ayuda estaba en 2011 en el 0,4%, poco más de la mitad de lo comprometido. Y veremos cómo baja en los presupuestos de 2012, donde voces peperas cualificadas ya han manifestado que se empleen esos recursos en nuestro país.
En Occidente ya sabemos lo que predomina: “primero yo, luego yo y después yo”. El “ande yo caliente, ríase la gente” se aplica también en este caso a la solidaridad internacional. Cada vez menor, sin que nadie haga algo por incentivarla.
Se sabe que con lo que sobra en nuestras mesas, los alimentos que el Primer Mundo tira a la basura, se podría dar de comer a todos los que padecen hambre en el mundo. Sin embargo, se prefiere que los restos alimenticios vayan a la basura en lugar de proponer un plan para evitarlo y que revierta en los países subdesarrollados.
Mientras la obesidad es una de las enfermedades importantes en nuestros países, África muere de inanición. Sólo algunas ONG, con los pocos medios que tienen a su alcancen y con un trabajo incansable, son capaces de hacer disminuir los efectos de esa hambruna constante.
La situación dramática que se vive en ese continente, apenas es noticia. Pasa desapercibida para los grandes medios de comunicación, que no dan ninguna relevancia a las constantes muertes que se producen por el hambre.
A pesar de nuestra condición crítica, de la situación por la que pasamos, de que nuestros derechos sociales disminuyen, es un insulto querernos comparar con el África subsahariana en un intento de limpiar nuestra conciencia, cada vez más sucia e insolidaria.
Seres humanos corren peligro de muerte, entre ellos muchos son niños. Gente que no tiene que comer. O reciben ayuda o habremos colaborado en un genocidio consentido. Y como termina el documental de UNICEF que les he incluido: Las alarmas están sonando con fuerza, pero: ¿hay alguien escuchando?

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